Emociona. Esa es la palabra exacta para definir este
momento. La memoria de los seres humanos es, por asomo, el punto débil más débil
que tenemos. Es tan selectiva como cínica cuando toma el rol de pintora, al
recrearnos imágenes tanto de momentos como de personas. Nuestra cabeza es el
lienzo en blanco que se desflora por los sentimientos, que hacen las veces de
paleta de colores con los que la memoria crea cada una de sus obras. Es el
mismo cinismo que vuelve grandiosos a los muertos y demoniza a los que nos han
lastimado; quizás sea por eso que mis emociones están en su primavera cuando,
al sentir que perdí todo en materia de amor una y otra vez, me toca llevarme
una experiencia buena y sabrosa en todo sentido. Exactamente hace un año que
este cerebro plantaba su bandera para no poder pensar de nuevo en nadie más,
despojándose de su antigua premisa que le da nombre a este Blog. Todavía puedo
sentir la constricción de “mariposas” en el estómago, el nerviosismo reinante
que trae la cara de póquer con la que intentamos demostrar que tenemos todo
bajo control. Reflejos que todos hemos sentido: Piernas flojas, mente en las
nubes, trivialidad en el diálogo. Algunos lo entendemos como un ajedrez enorme,
una prueba tan compleja como linda de atravesar. Un error, un paso en falso
puede ser el último que demos con esa persona. Y cuando, como vuelvo a
recalcar, se ha perdido todo más de una vez, acariciamos la posibilidad de ser
felices con guantes de oro, pensando en tener toda la vida por delante pero sin
garantías de que esa vida vaya a ser disfrutada en compañía de quien deseamos. Así
estaba yo, vuelta terrestre al sol atrás, temeroso por lo que pudiera ser, pero
envalentonado por todo aquello que no fue. Sabía que la chance estaba ahí, pero
no sabía cuándo se iba a transformar en algo físico y no tácito. Como un
incansable buscador, fui presionando por todas las vías posibles, para
conseguir mi objetivo, con la premura de no llegar al hastío ajeno (es cuando
la ansiedad quiere imponérsele a las ganas). Supongo que existe una cuestión
fortuita, donde los planetas se alinean a nuestro favor, pero que sin dudas,
DEBE estar apuntalada por nuestra actitud, todo lo que tenemos para ofrecer y más
aún, el amor que empieza a romper el cascarón. La psiquis se transforma en una
caja de Pandora: No podemos dejar de pensar en ese “no sé qué” pero a su vez la
velocidad a la que procesamos esos pensamientos supera toda métrica conocida
por el hombre. Buscamos cada situación que nos acerque más, contenemos algunas
palabras que nos desbordan y otras las largamos en catarata; todo se torna una
ensalada confusa y maravillosa. Hasta que ese día, esa hora y esos segundos
llegan, y las palabras pasan a un segundo plano, porque no hay elogios, piropos
ni declaraciones que valgan en el tan encumbrado momento de la verdad. La magia
del razonamiento se hace presente, la mente -ama y señora de todas nuestras
sensaciones- abre lugar al corazón, y cobra un sentido más metafórico que
nunca. Sentimos cosquillas, ganas de reír, un poco de emoción contenida,
pupilas dilatadas y hay una presión en el pecho que se libera cuando el portal
de la ansiedad se abre, para dar paso a la tranquilidad, la calma que viene
después de esa tormenta de labios protagonistas. Queremos más, no podemos
quedarnos con esta experiencia nada más, que puede volvernos adictos
dependientes. Y el seguir alimentando el alma al compás de los besos que se
suceden es el riesgo más justificado de la historia. Ya no cabe otra boca en la
mía, el directorio del corazón tiene una sola página, una carilla, un renglón,
y un registro: Ella. Toda gran historia tiene un comienzo, una letra capital
que inaugura la hoja. Nada se graba más entre dos personas que se aman que
aquel primer beso, el que dio vía libre a los que vendrían después. Hoy me
permito desde el umbral de la felicidad recordarlo, sin perder de vista todo lo
que me dolió llegar hasta acá, para poder disfrutarlo y valorarlo el doble, o
el triple también. Cuánto se puede llegar a sentir previo a un beso tan ansiado
como eternizado, y al fin y al cabo, es solamente eso, un beso; lo que le da
valor es la persona que lo vuelve inmortal. Hoy hace un año de todo eso, el
resto es historia (conocida).
jueves, 12 de septiembre de 2013
Year Ago.
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“And I wanna stay here, undefinitely”. Travis.
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