martes, 20 de agosto de 2013

Untrusting Minds.

Ciertas veces sentimos el peso de la desconfianza sobre nosotros. Es un clímax tácito y verborrágico, donde pueden haber variables que justifiquen o no dicha acción, pero circulantes en un carril común entre ellas: El pensar que el otro lleve a cabo lo que “sospechamos”. Torpemente, las personas suelen arremeter contra sus parejas, familias y seres queridos en general por culpa de la desconfianza. Pocas veces pueden detenerse a pensar en esas personas, en cuánto pueden llegar a dañar o a perder, y más aún cuando la dosis aumenta en función de los celos, que cumplen un rol muy importante en la construcción del ser. Todo entra en un reduccionismo absurdo, dado que no importa cuánto se haga y cuánto se estire la mano para estrechar confianza, que el desconfiado irá dilapidando y llevando su vista hacia el otro lado, el que más le convenga a sus conjeturas mentales e infantiles. El problema se traduce también porque la famosa “mochila” que traemos con nosotros, donde se encuentran todas nuestras vivencias, suele traspolar del pasado situaciones que en la mente del desconfiado puedan ser similares, pero que no siempre pueden aplicarse a la realidad, ya que como cada persona es diferente, sus intenciones de lastimar y/u ofender pueden serlo también.

Aquel que no tiene nada que esconder tiene que transitar una delgada línea, un límite fácilmente traspasable, ya que con cordialidad primero y con bronca después, tiene que lograr que alguien que no le interesa que le digan lo contrario a lo que piensa, le crea, y además, se convenza no sólo de sus buenas intenciones, sino en las de los demás. Es por eso, que el desconfiado se arma de frases hechas, trilladas y absurdas, como si cada situación pudiera pasar por el mismo molde; son cosas del estilo de “no desconfío de vos, desconfío de él/ella” o “porque sos hombre/mujer”, que hacen que uno se sienta encasillado, indefinido en base a sus propias demostraciones (que sí son atribuibles a cada quien en particular). Para poder relacionarse exitosamente, creo yo que en materia de confianza debe apostarse el todo por el todo. Muchas veces puede haber cosas que no nos gusten, nos hagan ruido, o simplemente que sintamos que las hubiéramos resuelto de ésa forma al estar en su lugar. Pero una relación se construye entre pares, que pueden tener muchas similitudes pero también cosas que los diferencien; más aún a medida que va pasando el tiempo y los protagonistas van encontrando otros caminos, otros pensamientos, crecen y van madurando. Es ahí donde es necesario conformar una personalidad fuerte para creer, y poder encontrar en el otro muchas razones para tirar toda sospecha por la borda, evitando así que lo que se venga a pique sea la relación entera por algo improbable como la mente que lo crea. La desconfianza y los celos pueden tener sus orígenes en la concepción de si mismo que tiene cada uno, en aquella inseguridad y el pensamiento que se planta de creer que uno no es suficiente para el otro, o que no le brinda lo que necesita para ser feliz y que quizás por eso vaya y encuentre en alguien más todo eso. He leído por ahí que “Puesto que siempre están pendientes de las malas intenciones de los demás, sienten a menudo que su persona o su reputación han sido atacadas o que se les ha mostrado desconsideración de alguna otra amanera.” Lo más triste es que a veces la cabeza les juega malas pasadas a los desconfiados, haciendo que vean fantasmas donde no los hay y se terminen ganando la antipatía de quien siente que le da todo para que confíen y resulta herido en su orgullo al encontrarse desconfiado. No se trata de contrariarse, sino de no permitir que en pos de ayudar a quien es receloso terminémonos haciendo cargo de un traje que no nos queda. Nadie debe permitir que se ponga en juego su confianza si siente que no lo merece. Se puede ayudar desde adentro, pero sin permitirse faltas de respeto. Puede ser que quien se cree “cauteloso” y “calculador” por decreto de sus propios celos, trate de ocultar todo detrás del humor, razón por la cual tendremos que tener cuidado también de no reírnos de lo que no nos causa gracia; sino creo yo que es permitir que la bola de nieve con el tiempo se convierta en una avalancha y nos termine tragando a ambos. Seamos honestos y no callemos aquello que nos tormenta, pero nunca nos corramos del eje y de la convicción si estamos seguros de quienes somos y de lo que damos como persona y como pareja. La construcción de una pareja más sana y de un canal de comunicación más limpio dependen de ello. Nos animamos a creer juntos?