Nunca es fácil escribir desde la felicidad. Siempre desde
las tristezas más profundas salen los versos más hondos, las más sentidas
palabras. Sencillo es expresarse cuando la tinta de la pluma son las cenizas
del propio corazón. Cuando estás contento, exultante, todo lo que escribís te
parece absurdo, pintado de rosa, una masterpiece de la cursilería. Pero a su
vez, sabemos que esta ilusión realista sólo es tal en nuestra mente y nuestro
corazón. Es extraño que en estos días de imagen superada, de redes sociales, de
mostrarle al cibermundo no solamente quién soy, sino quién quiero ser a los
ojos de los demás, haya tanto descrédito del estar enamorado. Pareciera que
cotiza mucho más esa pose del “todos son iguales”, “no caigo más”, “no me
enamoro, sólo me divierto”, y todos sus patéticos derivados, que la expresión
indescriptible de quien está en su plenitud en todos los sentidos. Estar
enamorado es todo eso y más. Psicológicamente hay tres etapas dentro del ciclo
de vida del amor: La del enamoramiento, primera de todas, aquel idilio donde es
todo ideal; lo que se dice, lo que se hace, lo que se piensa, está
absolutamente coloreado del blanco de la pureza y los siete colores de la luz
refractada en los corazones de cada participante. La etapa que le sigue es un
poquito menos perfecta, conocida como la del “desencanto” o “desilusión”,
aquella en la cual empezamos a ver a nuestro príncipe azul un poco más
desteñido, con sus virtudes muy presentes pero asomando ciertos defectos,
detalles en los que no estamos tan de acuerdo, que siempre estuvieron allí pero
que nosotros, obnubilados por ese cosquilleo tan maravilloso como recomendable
de la etapa anterior, no sabíamos apreciar. Lo que es destacable de aquí es la
revelación de la verdad, el dejar de vivir una realidad pintada por nuestras
mentes, para seguir volando pero esta vez sobre un mundo más terrenal. La
última etapa, muy importante para mi, es la que nos va a dejar determinar si el
amor que vivimos será uno sano, con posibilidades de proliferar en el tiempo sin
dañar demasiado a nadie, es la aceptación de todos esos valores negativos y la
conformación del “amor maduro”. Básicamente, es saber que la persona que amamos
tiene todos esos defectos, aceptando con toda honestidad que podríamos vivir
perfectamente sin ella, pero que aún así, a conciencia elegimos cada uno de
esos días gozar de su compañía. Quedarse atrapado en cualquiera de las dos
primeras etapas supone un riesgo de desgaste y posterior ruptura por razones
obvias inevitables. A nadie le gusta ser el ídolo permanente del otro, aquella
persona de la que se espera tanto, teniendo siempre que responder en
consecuencia. Para ello, es fundamental tratarse como pares, como compañeros
que saben apuntalarse en las debilidades del otro.
Así como muchas veces me tocó escribir desde el lado del
dolor, hoy me toca tipear desde la otra orilla. Es muy difícil de poner en
palabras, sin que vaya a parecer algo de fairytale.
Una sensación maravillosa haber transitado tanto, haber ido con los pies
descalzos pisando vidrio tantas veces, y que por una vez el camino sea de
plumas. Hoy quise animarme a hacerle un post a mi felicidad plena, a mis ganas
de tener ganas todos los días. “No trates de persuadirme, voy a seguir en esto.
Sé, nunca falla, hoy, el viento sopla a mi favor, voy a seguir haciéndolo”,
aporta Gustavo Cerati, cuando en estrofas siguientes lo vuelve a recalcar
diciendo, que “hoy, el universo está a mi favor, y es tan mágico”. Son esas
cosquillas las que nos hacen sentir después de todo, que estamos vivos para algo.
Me gusta transitar los senderos de la risa, de la emoción, del sentirme
acompañado y contenido. Así me siento hoy, compenetrado con cada proyecto en
común, con aciertos y errores, defectos y virtudes. Así nos hemos elegido, y
así planeamos seguir adelante. Releyendo cada una de mis subidas anteriores, es
una toma de conciencia más grande que la otra sobre lo mal que he estado, y
pesa mucho en la balanza del presente todo eso que me hace sentirme bien. No
nos olvidemos nunca lo importante que es ser felices; es un estadío hermoso,
porque todo nos duele un poco menos cuando estamos al lado de la persona que
sentimos correcta. No sé si durará mucho, no sé si será para siempre. Sólo
tengo la esperanza de que así lo sea y mi compromiso para lograrlo. En definitiva,
no puedo hacer otra cosa que no sea hacer las cosas de la mejor forma posible.
Mucho por ganar, todo por perder. “Quien no arriesga, no gana”, dicen por ahí.
Yo con vos, Rochu Arrúa, estoy “all in”.
Gracias por hacerme tan feliz. Te admiro, estás en mi
corazón y Te Amo con unas ganas tremendas.
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| I've got an angel, she doesn't wear any wings. |

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