Sacudidas que te da la vida. Muchos enamorados de la metáfora la definen como “una montaña rusa”. A veces estás arriba, casi acariciando el cielo con los dedos y otras veces estás explorando vías subterráneas con lo más mundano de la creación. Pero ¿Cómo definiríamos esos momentos en los que la montaña rusa parece descarrilar y nos hace salir despedidos en el momento menos esperado? Si son tan complicados de catalogar, imagínense lo que es vivirlos, tener que asimilarlos, tragar saliva y seguir viviendo sin cuestionarte cada átomo de aire que te ingresa en los pulmones. No hay “porque” para esos por-qués. No hay pañuelo que seque esas lágrimas gigantes. Uno asume que tiene toda la vida por delante, pero al perder un ser querido lo que no se puede parar de mirar es la vida que quedó por detrás; incluso aunque sepamos que todo sigue a pesar de nosotros y de los que queremos. “Sus ojos se cerraron, y el mundo sigue andando”, reza Le Pera entre sus versos. Y tengo la plena conciencia de que es así, el Subte abrió a las 5 a .m., la gente descendió y se condujo hacia sus trabajos, presurosos algunos, con mucho tiempo otros, y nadie sabía que una gran persona nos había abandonado. Ni ellos, ni en mi trabajo se cesaron las actividades, ni las personas que atendí en la jornada jamás se enteraron de la existencia de esa genial persona. Cada uno tendrá penas que ahogar con el tiempo, es que simplemente mi sensación de injusticia con pizcas de impotencia no me deja manejarme con la normalidad de lo cotidiano. Pensé todo el día en tus chistes, en cada salida que compartimos juntos, las películas que comentábamos, hablar de “minas” o criticar para terminar riéndonos más aún. En medio de tanto recuerdo, mayor fue la nostalgia al tomar el iPod como hago todos los días, para que esta vez, cada canción que se reprodujo tuviera algo que nos gustara a los dos. Siempre la música fue el gran puente de la amistad, esa conexión intrínseca entre dos personas que sienten pasión por lo mismo. Después, tuve lugar para leer tus famosas “Fabocitas”, que en cada momento de enojo o tristeza era una dosis de clic + risa para garantizar un antídoto contra (casi) todo. Hubo lugar para la bronca, para pensar en el hecho de que todos los días la injusticia pasa por delante mío pero nunca me salpica, y que esta vez no me dio tiempo a taparme. Es espantoso estar envuelto en ese manto de bronca, de impotencia, de “no somos nada”. Pero de todo lo que pude procesar, entendí que vivir tiene estas cosas, y que no se muere con dignidad, sino que se vive con ella. Y vos viviste a rajatabla de esa manera. Nos llenaste a todos de vos, de tus frases, tus modismos, tus salidas y tu forma de ser. Y es que el barba estaba tan celoso de vos, que te mandó a llamar para aclararte los tantos.
Entonces hoy más que nunca, no voy a reprocharle a la vida que te haya quitado de mi camino, sino que voy a agradecerle porque me dio la oportunidad de haberte conocido.

Sos un gran escritor, sin dudas. Te amo.
ResponderEliminarY vos sos la mejor compañera de ruta que un "escritor" puede tener.
EliminarTe Amo mucho!
EliminarDe verdad que te pasas. Hacés que parezca una boludes poner los sentimientos en palabras. Gracias por estar.
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